No digo que nuestra condición de isleños nos limite, pero sin duda mantiene activa nuestra capacidad de sorprendernos.
La señorita G. viaja a la ciudad de Perú, en donde hay 8 millones de habitantes (es decir, el equivalente a los habitantes de nuestra pequeña gran isla), y se sorprende de que para ir de un lugar a otro, haya que atravesar distancias comparables a ir de la Capital a Baní, por citar un ejemplo.
Sin embargo, "isleño" no es una palabra con la que nos sintamos identificados. En mi escasa vida social nunca he escuchado a un dominicano autodenominarse así.
Es que nos sentimos, no muy continentales, sino más bien muy "continente". República Dominicana es lo más grande. Aquí no se come pescado, se come pollo, y cerdo, y vaca cuando se puede. El pescado es para los fines de semana (a veces) y para Semana Santa (casi siempre).
Y la playa, más cuando se puede que cuando se quiere. Tengo una amiga que con 19 años no conocía la playa y eso, que vive en la Capital. Le cuestioné mucho eso, pues me dejó muy sorprendida. Yo, muchacha pueblerina, había hecho mis esfuerzos para conocer el agua salada desde que era pequeña.
Si para mí era increíble, muy problablemente lo sea para algunos extranjeros que creen que el dominicano vive en la orilla de la playa. Y que todos bailan merengue, y que todos saben cocinar sanchocho.
miércoles, octubre 12, 2005
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1 comentario:
jaajajaj, eso es muy cierto... nice blog...
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