Entrevistaba a un dramaturgo que vino a impartir una capacitación teatral a mi olvidado pueblo.
De su boca salía un olor apagado a cigarrillos. Yo lo miraba fijamente, y creía estar viendo un humillo tenue salir de sus labios, pero me equivocaba.
Reviso la grabación para transcribirla. Pero cada vez que le doy play, veo salir volutas de humo y percibo ese olor que curiosamente, que no era tan fuerte ni tan desagradable, pero sí muy persistente.
domingo, octubre 02, 2005
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