Camino al trabajo me acompañó una lluvia finita que en el campo llaman “jarisna” (no sé por qué).
Subiendo hacia la avenida un grupo de jóvenes obreros descienden de sus trabajos. El sudor, las gotas de agua, humedad en sus ropas, polvo y cemento.
A buen tiempo – me dice uno de ellos, extendiendo hacia mí un yaniqueque untado de cachú.
Que te aproveche (a ti) – le contesto y bajo mi cabeza.
Los dominicanos somos muy ofrecidos, nadie sabe aún por qué.
jueves, septiembre 29, 2005
miércoles, septiembre 28, 2005
Concierto a puertas cerradas
Nunca he entendido por qué la gente durante el sexo pronuncia palabras soeces.
Durante mi corta vida sexual, que duró aproximadamente un mes, a mí había que decirme poesía. No es que lo exigiera así, es sólo que no soportaba las palabrotas en mi oído.
Un día en la pasada feria del libro, un escritor recitó uno de sus poemas que casualmente me recitaron a mí en uno de esos felices momentos. Frente a mí, un chico que me gustaba mucho. Y yo no quería excitarme, lo juro. Pero ese muchacho no sabía nada o se hacía el ignorante y yo me quedé con las ganas, aun cuando ese poema no tenía nada que ver con él ni conmigo ni con nosotros, sino con otro infeliz.
En ese momento no me hubiera importado escuchar palabras soeces saliendo de un ser tan poéticamente hermoso.
Durante mi corta vida sexual, que duró aproximadamente un mes, a mí había que decirme poesía. No es que lo exigiera así, es sólo que no soportaba las palabrotas en mi oído.
Un día en la pasada feria del libro, un escritor recitó uno de sus poemas que casualmente me recitaron a mí en uno de esos felices momentos. Frente a mí, un chico que me gustaba mucho. Y yo no quería excitarme, lo juro. Pero ese muchacho no sabía nada o se hacía el ignorante y yo me quedé con las ganas, aun cuando ese poema no tenía nada que ver con él ni conmigo ni con nosotros, sino con otro infeliz.
En ese momento no me hubiera importado escuchar palabras soeces saliendo de un ser tan poéticamente hermoso.
martes, septiembre 27, 2005
Cuchillo, sabio conocedor.
Él me dijo:
“El corazón de la auyama sólo lo conoce el cuchillo” para justificar sus desmanes.
Decidí constituirme en cuchillo para averiguar qué había dentro.
Resulta que la auyama ni siquiera tiene corazón. Es sólo un hueco con semillas.
Y esa es la pura verdad.
“El corazón de la auyama sólo lo conoce el cuchillo” para justificar sus desmanes.
Decidí constituirme en cuchillo para averiguar qué había dentro.
Resulta que la auyama ni siquiera tiene corazón. Es sólo un hueco con semillas.
Y esa es la pura verdad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)